viernes, 17 de abril de 2009

Bosquejos sobre un perro

-I-
Él se lo pensó mejor.
Las facciones alteradas del perro delante de sus ojos, a un palmo, no dejaban lugar a dudas.
Debía sacarlo a la calle, a dar su paseo, a hacer sus cosas, o algo grave podría suceder.
Al ir a hacerlo, abandonando ya por completo su primera intención de hundirse infinitamente en el sofá, comprobó de pronto que la cadena no aparecía por ninguna parte y, aun más, las llaves de casa habían desaparecido.
No era normal todo aquello, pero el can nada entendía de su perplejidad o inconvenientes...
Los gruñidos se hicieron más que evidentes, ampulosos, y una comisura de saliva blanquecina cayó al suelo...

-II-
La cotidiana mañana iba a cambiar por fin de fase, de instante del día. Terminó el curro. Por fin en casa.
Al cerrar la puerta tras de sí el hombre oyó el silencio, y echó en falta los llantos y ladridos del perro: eran parte de su actual rutina.
Abrió mecánicamente la cancela del patio y no vio a Gasparín, el animal. Sumamente extrañado comenzó una búsqueda inútil. Ni en el fondo arbolado del patio, ni bajo la gran silla circular del salón, ni en la cocina, ni arriba, en los dormitorios. Nada. No había rastro alguno.
Pensó entonces que podría encontrarse en la calle debido a algún error de cálculo. Aun pareciéndole disparatada esta idea, abrió la puerta y observó pausado el exterior:
Verde de guardias. Árboles verdes. Un perro solo y viejo, como malhumorado. No era Gasparín.
El hombre regresó lentamente sobre sus pasos y decidió olvidarse, ya aparecería. Subió las escaleras pensando en el can, se desnudó pensando, se quedó dormido sin pensar.
.
Trotar hacia abajo por las escaleras con una duda incrustada: aquella del perro desaparecido. Y con una clara intención: la ducha calentita. Y recibir un pasmo.
Gasparín estaba junto a la gran silla circular, en el salón, tirado en extraño escorzo sobre el suelo, mirándolo como si nada nuevo ocurriese o hubiese ocurrido jamás, meneando el rabo.
El hombre hubo de sentarse junto a la gran silla. No comprendía nada, y la acostumbrada mirada de tedio del animal no ayudaba en absoluto a resolver el enigma.
Entonces, sin más, le inquirió irracionalmente, esperando una respuesta imposible:
-¿Dónde te has metido?, ¿¡eh!?, ¿dónde?

Castellar de la Frontera.

8 comentarios:

Mar dijo...

Los perros son muy inteligentes seguro que en sus ojos vio la respuesta, muy bueno!!!

besitossssssssss

Carmela dijo...

Me encantan los perros jaja aunque no hablen nos ayudan a resolver muchos problemas, y seguro que el suyo tambien.

jose rasero b. dijo...

¡Hola Mar, y bienvenida Carmela! Muchas veces me pierdo en la mirada de un perro, acercándome a sus ojos. ¡Qué universo hay detrás!

Belkis dijo...

El perro es una especie que desde hace milenios es un reflejo directo de las culturas en donde existe, de las gentes con las que convive, del ámbito familiar. Cómo llevas lo del elefante y la estaca José?????
Espero que mejor. Recibe un afectuoso saludo.

jose rasero b. dijo...

Ahí andamos Belki. A ver si Haru, el perro de mi brother, me echa una mano

Chu dijo...

Pues yo creo que el hombre se va a quedar siempre con la duda, que Gasparín no le va a decir dónde ha estado ni qué es lo que ha hecho y que cuando intente ver la respuesta en sus ojos, el perro lo único que va a contestarle es: "aaaah, si tú supieras...! Jajaja
Un beso

Pilar dijo...

Hola Jose! Gracias de nuevo por seguir leyendome y sobre todo comentando. Los relatos solidarios es algo que empezó Javier Ribas con una idea para sacar dinerillo para la Fundación Vicente Ferrer y al final hemos acabado con un libro estupendo de relatos de gente que tenemos blog. La primera edición tiene una portada de Chu que tb está por akí. Asi que si te apetece colaborar son 12,50 euros para una buena causa. Pasate por el blog de Javier Ribas y pregunta. Besos

jose rasero b. dijo...

Gran verdad, Chu. Gracias, Pilar.