martes, 28 de abril de 2009

Eso era

Le insinué esa tarde
tras el humo de mis silencios.
-Te echaré en falta.
La taza permaneció intacta,
aún caliente.
La música olvidada.
Tras el balcón el pálpito atardecido de la ciudad
comprimía nuestros vientos.
Los hacía sosiego.
Las palabras simulaban no encontrarse,
resbalaban,
daban vueltas,
saludaban con cortesía
o soltaban bromas alteradas.
La taza se elevó a sus labios,
y fue posada.
-Siempre tendrás algo de mí.
Lo leí en sus ojos abiertos y perdidos.
Y silbé la melodía que aún sonaba,
casi ausente,
en el tiempo.
Al marchar,
pude observar una sonrisa,
oculta entre los posos.

4 comentarios:

Mar dijo...

Que bonitoooo, esos momentos perduran siempre ;)

Besitossssssssssss

Eterna aprendiz dijo...

El lenguaje de los sentimientos revela lo que silencia las palabras.
Buen poema!!

Carmela dijo...

Me encanta, está muy chulo, hay personas a las que nunca se podrán olvidar, me encanta como lo expresas.
Muchos besitos!!!

jose rasero b. dijo...

zenquius veri mach a las tres. Kisses!