lunes, 4 de mayo de 2009

No quiero odiar...

Terminó el preámbulo.
Y amanecen los acantilados.
Son pocos. Es uno. Es el mío.
Los teléfonos callan tan bien
como asesinan.
La multitud me aplastó, inmutable,
en su quietud de caterva.
Alcé una palabra rota,
y la fui reconstruyendo
de vuelta
a casa.
La palabra era una frase.
Tenía exclamaciones, acentos. Tildes en su sitio.
La recité bien alto en el vacío,
y olvidé sus restos
en los restos.
Una esquina plateada me susurró campos de batalla.
Me animó a la guerra.
Pero un mayo bañado en domingo
invita más bien
a la guarida.
Es en sí una reflexión
que se dilata
en los segundos. Que te hace nostalgia.
Mas ya es lunes.
Y he llenado de palabras los bolsillos.

Sé que las esquinas son de afilada plata,
y sé que me susurran.

4 comentarios:

Carmela dijo...

Me encanta, es simplemente, genial. Espero que todos podamos llegar a esa reflexión de no querer odiar a nadie, porque el odio es el origen de los problemas.
Muchos besetes!!

Anónimo dijo...

Pues a veces hay que dar de hostias y ya esta, sino t pasan porencima

Eterna aprendiz dijo...

El saberse y verse cuando algo te atraviesa, inevitable.
Excelente poema!

jose rasero dijo...

¡Gracias Carmela y Eterna!
Anónimo, un poquito de por favor, que diría aquel...