sábado, 17 de octubre de 2009

Pasillo


En el pasillo de mi casa una pared no es una pared. La otra pared tampoco. En realidad, el pasillo de mi casa no es que sea muy pasillo, pero en fin, esa es otra historia. La pared que no es pared de la izquierda de mi pasillo que no es muy pasillo, tal como entramos, es una mampara de cristal, fija, sin posibilidad de movimiento. Un tabique de cristal grueso, a modo de pantalla, conectado al exterior vía azotea. A la derecha, si volvemos a entrar, vemos una cristalera, con vidrios azules y verdes, tras la cual se encuentra mi dormitorio, que sí es un dormitorio.
Creo que podrán hacerse una idea.
Pues bien, durante un día normal, físicamente entendido, soleado y sin nubes, a través de la mampara se filtran a mi casa, digamos, las variadas tonalidades lumínicas que pueden ir desde el amanecer, pasando por el cenit del día, y acabando en el atardecer, en el ocaso, cuando el sol se pone por el horizonte. Tras ello el tabique de cristal permanece a oscuras ¿Me siguen?
Les diré que tengo la costumbre de cenar algo ligero sobre las once de la noche, ver la televisión y acostarme con un buen libro a eso de las doce.
No quisiera entrar en más detalles acerca de mi vida, pues tiene poco que contar, pero sí quería hacerles partícipes del extraño suceso que hace unos días tuvo lugar en mi hogar.
El pasado lunes, cuando me encontraba ya bien acomodado en el lecho, leyendo a la luz de una pequeña lámpara de mesa, pues eran las doce y diez, comprobé sorprendido que el dormitorio que sí es dormitorio se iluminaba repentina y extraordinariamente. Me levanté con natural sobresalto y vi que el tabique de cristal se hallaba transfigurado en un foco imponente de luz, una luz que variaba su potencia y brillo, una luz que por momentos asemejaba la de una linterna a la búsqueda de algo o alguien, y al instante engrandecía y era como una bola de fuego dispuesta a arrasarlo todo. Comprenderán mi asombro y perplejidad.
Decidí raudo llamar a casa de mi vecino y pedirle cuentas de todo aquello. Cuando ya pulsaba el timbre de la vivienda anexa recordé que en realidad mi vecino era muy poco vecino, un casi no vecino, podríamos decir. Nunca estaba en casa. Vivía allí, sí, pero no sé por qué extrañas razones jamás estaba allí. Tampoco en esta ocasión, claro. Seguí pulsando el botón, más que nada por dar tiempo a mis pensamientos.
La situación que se me mostraba era bastante desalentadora. Las luces provenían de esa casa, no había dudas ¿O sí las había? En esa casa parecía no haber nadie ¿O quizás sí, y permanecía oculto, en silencio? ¡Pues sí que había dudas! ¿Estarían las luces en el mismo interior de la mampara? ¿Se habría introducido algún extraño en ese interior, dejándose bajar con cuerdas desde la azotea? Era una idea tan ridícula que no tardé un segundo en plantarme arriba del edificio asiendo con mi mano diestra una pequeña linterna. Como evidencia me recibió la noche, fría, oscura, vacía. Miré por el hueco de la gran pantalla y me recibió la nada. Nadie. No había luces. Nada.

Al regresar a casa encontré el paisaje que temía. El foco de luz había disminuido, pero permanecía allí, como dándose un respiro, alejado de cualquier lógica posible, haciendo peligrar los cuarenta años de coherencia y cuerda rectitud de mi existencia. ¿Qué podía hacer?, era la cuestión.
Lo peor, sin embargo, fue que también encontré lo que no temía, pues era algo en todo impensable. Mi no vecino se hallaba repantingado en mi sofá, observándome desde una sonrisa que no supe interpretar. Me acerqué a él, pero antes de poder articular una sola sílaba le escuché decir:
-¡Che, vecino!, ¡qué bueno que apareciste! Me podrías decir qué chinga de luces son esas que vienen de tu casa.
Mi no vecino seguía siendo el mismo tipo que vivía pero nunca estaba, aunque ahora estaba, y además me hablaba desde mi sofá, que parecía estar de su parte.
-¿¡Pero qué coño hace en mi casa!? -expulsé, sin miramientos, tras lo cual me vi sorprendido por la respuesta de mi no vecino que, a la voz de ¿su casa?, me sometió a la más disparatada descarga argumentativa pensable, eso sí, avalada con pruebas tan contundentes e irrefutables como que mis llaves no fueron capaces de abrir mi puerta -¡ni siquiera entraban en la ranura!-, siendo en cambio adecuadísimas accionando el mecanismo de la cerradura de casa de mi no vecino, a la que me vi fatalmente abocado por este nuevo orden de cosas.
Una vez dentro, y a solas, como en un sueño, observé las luces reflejadas en la no pared que, lo sabía, era imposible que proviniesen de mi casa... bueno, de la otra casa. También comprobé asombrado que la nueva casa era un reflejo exacto de la mía...es decir, de la otra. Como si hubiese pasado a ella a través de un espejo. Más que sueño aquello se asemejaba cada vez más a una pesadilla. Me senté exhausto en un sofá idéntico al no mío, y al que mi cuerpo se adaptó como a un molde a medida. Y entonces escribí estas palabras sobre unas cuartillas que, supuse, me pertenecían.
Claro que, después, necesité asomarme al espejo del baño para poder descifrarlas, y al verlas allí reflejadas, no supe si aquellos trazos eran en realidad mis palabras, acaso unas inquietantes no palabras o, cual absurdo jeroglífico, no más que unas medias palabras.
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Foto: jose rasero.

22 comentarios:

Verónica dijo...

La incoherencia de lo que uno sabe o cree saber. La imposibilidad de razonar lo irrazonable. El despertar en un mundo imposible pero que es el único mundo posible que hay ....

Me encantó. Un beso por tu vuelta

María dijo...

Lo he leído dos veces pero voy a leerlo otra vez a ver si me entero. Dices que estaba leyendo un libro pero...Y antes? Me ha gustado mucho, volveré. Mª

Oriana P. S. dijo...

José!
Este comentario, que no es un comentario, es para decirte, al mismo tiempo que no pronuncio palabra, que me ha encantado!!!
Qué bueno tenerte de regreso :D

Besos de bienvenida.

zayi dijo...

Que desesperación me ha dado mientras te leía... me metiste en situación y me dio un poco de miedo.
Muy bueno José!
Besitos.

Belkis dijo...

Me dejas con la duda de si es realidad o ficción, supongo que es lo último, pero lo que sí se es que encierra una verdad que más de una vez se refleja en la vida de las personas, el creer que eres lo que no eres, el creer que estás donde no estás, el creer que sientes lo que no sientes, el creer que das lo que no das...
Es interesante leer este texto más de una vez, te puede llevar por muchos pasillos interesantes de la vida.
Besitos y gracias por volver a estar con nosotros.
Te había echado de menos.

Gonzalo Vázquez Gabor dijo...

créeme que estuve allí pa ca y pa lla contigo hasta el final!

solo una cosa ¡¡¡¿¿¿Y LA LUZ???!!!

Sorprendente, me encantó!

apm dijo...

Jose, que relato tan original por dios, a mi me ha parecido genial, porque claro con pasillos que no son muy pasillos, paredes que no son paredes y no vecinos que viven allí pero no están nunca ¿como no va a resultar la cosa genial?

Un besote gordo

Como lluvia dijo...

Dos veces lo he tenido que leer y he llegado a la conclusión de que los espejos son a veces muy traicioneros.

¡simplemente genial!

Cris dijo...

Pues que no-texto tan bien hilado te ha quedado a base de tus no-palabras.
Genial. :)

Besitos!

Marta Alvarez dijo...

Hola José .
hay un premio para tí en mi blog, pásate cuando puedas

jose rasero b. dijo...

Gracias a ti Verónica, por estar. Besos!!

Bienvenida María!!

Hola Oriana!! Qué alegría!! Un no beso... ¡¡¡nooooo!!! Un gran besote!!!!

jose rasero b. dijo...

Zayi, pro qué miedosilla que me eres, jajaja Besos de intriga!!!

Belkis, es una mezcla de las dos cosas, de hecho la fotografía es de mi casa. Las luces existen, y en una ocasión tuve las mismas dudas que el personaje. Cuando se aclaró todo (Venían de casa del no vecino) me puse a escribir esto. Siempre son una alegría tus visitas Saludos!!

jose rasero b. dijo...

Hola Gonzalo. En la respuesta a Belkis puedes ver lo de la luz. Me alegra haberte mareado un poco, jajaja Un abrazo!!


Ya ves, apm, la realidad siempre supera a la ficción Besos!!

Como Lluvia, yo siempre he tenido una atracción muy fatal con los espejos. Lo daría todo por atravesar uno!! Abrazos!!

jose rasero b. dijo...

Gracias no cris por tu no comentario y tus bellas no palabras, jajaja Muchos besos!!

Ya te lo agradecí en tu blog, Marta, y te lo vuelvo a agradecer, muchísimo. Es muy bello, aunque a mí estas cosas me den un poco de corte... Besotes!!

jose rasero b. dijo...

Ah, María: antes de leer el libro... había cenado ¿no?

Marta Alvarez dijo...

Jose, sabes que lo mereces y es dado con todo el corazón.
Bicos

Bruni, Carla, ¡¡of course!! dijo...

qué susto coño!!

NIño. eres bueno, jolines jolines!!!!

L.N.J. dijo...

La perspectiva de tu pasillo y todo el entorno que has querido describirnos es maravillosa, palabra por palabra, como si fuera una historia de intriga donde no tiene principio ni fin; y esto es lo que engancha.
Estas son las historias buenas, al menos para mí, que por cierto me sigo imaginando esas medias palabras.

Te felicito, un beso.

jose rasero b. dijo...

No te me asustes, Carla!! Un beso!!

Muchas gracias LNJ!! Besos!!

merce dijo...

Interesante relato, pero para repetir la lectura, una vez más.

Andrea dijo...

Vaya! Me has enganchado con la historia, qué angustioso no encontrar la razón de las cosas, yo hubiese hecho lo mismo, me ví con la linterna investigando y temblando de miedo, jaja. Me gustó mucho Jose, un abrazo!

jose rasero b. dijo...

Bienvenida merce!! Un saludo!!

Hola Andrea!! Qué bueno que la enganché, señorita!!! Besos!!