viernes, 26 de noviembre de 2010

Atmósfera

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Lámina VII: Cristóbal Ruiz Malia

Brochazos. Jose Rasero. Cádiz. 2001
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Ahora. Allí.

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Una piedra
una onda en el lago
una ola en el mar.

Una daga
un corte en la cara
una herida en el alma.

Una bala
un herido que habla
una muerte -siempre- de más,
que todo lo calla.

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Óleo de Marian Ramírez
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sábado, 13 de noviembre de 2010

Arte en la calle (y 2)


Los burgueses de Calais

 El puerto de Calais era de gran importancia estratégica, por lo que el rey inglés Eduardo III ansiaba conquistarlo. Al encontrar una fuerte resistencia, dejó sin alimentos  a la ciudad que, lejos de venirse abajo, plantó cara a sus enemigos y les impuso la siguiente condición: les dejarían entrar si los ciudadanos pudieran a su vez salir libremente. Sin embargo, ésto enfadaría aun  más a los ingleses que aceptaron la oferta a cambio de que seis hombres notables se presentaran ante el rey con sogas, humildes togas, y con las llaves de la ciudad

Rodin crea un grupo escultórico circular (aunque en esta muestra en la calle aparezcan por separado), invitando al espectador a integrarse con ellos.
Cada uno tiene una expresión distinta, una posición característica, que serían el modo de mostrarnos cómo se enfrentan a la muerte: cabizbajos, con la cabeza alta, horrorizados, con las manos tapando su rostro.
Finalmente, y felizmente, serían indultados.

Rodin imprimió en sus esculturas su propia personalidad, ya que nunca se amedrentó hacia las críticas. Hizo una escultura cerca del impresionismo, muy naturalista y con una gran carga emotiva. Huía entonces del academicismo del momento (1888)



                                                                   Fotos: jose rasero

sábado, 6 de noviembre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

Los versos de M. Hernández inundan la red

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“Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta al que hemos ido recordando en Internet con numerosas actividades. Hagamos que la Red se inunde con sus versos.”
Re(paso) de Lengua
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¿Qué quiere el viento?
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¿Qué quiere el viento de enero
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientra te visto de abrazos?
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Derribarnos. Arrastrarnos.
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Derribadas, arrastradas
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?
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Separarnos.
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viernes, 1 de octubre de 2010

Exposición: "Formas de mirarlo"

Hoy será realidad algo que  aproximadamente hace un año se coló  en mi cabeza como una de tantas ideas disparatadas. Se inaugura mi primera exposición fotográfica. El lugar: La Antigua Parra del Veedor (vox populi: Bar de las Niñas): calle Veedor esquina con calle Plata, en Cádiz capital, of course.
Para los que no podáis verla in situ, os dejo aquí las fotografías (falta una, ¡se  ha extraviado o borrado!) Espero os guste:

Foso. Cádiz

Piojito. Cádiz

Mujer con sombrero y bolso rojos. Madrid

San Miguel. Cádiz

San Carlos. Cádiz

Balcón con cristal roto. Cádiz

Reflejos I. La Caleta. Cádiz

Gran Cañón I. La Caleta. Cádiz


Gran Cañón II. La Caleta. Cádiz

Reflejos II. La Caleta. Cádiz

Isla. La Caleta. Cádiz

Farola. Cádiz

Sierpes. Sevilla

Escalera. Praga

Espejos del alma. Cádiz

Puente Erasmus. Rotterdam


Metro y Rascacielos. Rotterdam

Red Light District. Amsterdam

Escaleras invertidas. Madrid

Saxo soprano. Cádiz

Duende. Cádiz


Fotos: jose rasero

martes, 28 de septiembre de 2010

46 - En la Cueva del Pájaro azul (1)












-Veo que sigues viva...
-...y tú en la calle...
Florencio pudo comprobar en primerísimo plano cómo  entre aquellas dos mujeres más allá de cierta antipatía lo que existía realmente era un profundo y trabajado odio.
-Bueno, mira, Floren, yo me largo...
Alicia bajaba los brazos antes incluso de iniciar la lucha, sin siquiera haber intentado confrontar fuerzas, en la atávica batalla de las dos hembras por el macho, pensaba un decepcionado Florencio.
Pero Lucía, muy segura de sí misma durante el breve y tenso encuentro, pareció doblegar a Alicia con su sola presencia, como si hubiera algún turbio asunto entre ambas que le impidiera a ésta plantar cara, hacerse valer, y que, en todo caso, la forzó a retirarse.
-...ya te llamo... -dijo, dándole dos cándidos besos en las mejillas a Floren.
Éste la vio marchar cabizbaja y no pudo menos que sentir cierta pesadumbre en su interior.
-Bueno, chico, por fin todo mío... -proclamó Lucía, satisfecha y radiante, asiendo el brazo de Florencio y pasándoselo alrededor de su cintura.
-¿Y Luis?...
-Luis ¿qué?...
-No sé, sois novios, ¿no?...
La carcajada de Lucía le explotó a Florencio junto a sus oídos y le produjo tal impresión que tuvo que detener sus pasos y apoyarse sobre los hombros de ella.
-...joder, pues sí que eres inocente, amigo, ¿será posible que no te hayas dado cuenta todavía de que Luis es gay?...
-Vaya, encima... lo que le faltaba...
-¿Cómo?
-No... esto... no me interpretes mal, no tengo nada contra los gays, pero no me negarás que ese chico es una cajita de sorpresas...
-Si lo dices por sus cambios de comportamiento y de indumentaria... compréndelo... su padre es un militar retirado de los de Franco... y su tío un cura, y director del instituto... su jefe, vamos...
-...ah, y por eso se esconde en el armario...
-Pues según cuándo, dónde, y con quién...
Durante unos instantes los dos caminaron abrazados entre la caótica masa de admiradores de arte, en silencio, pensativos.
-Pero, no sé, no crees que con treinta tacos ya podría ir más a las claras por la vida...
-Oye guapo, ¿no serás maricón tú  también?... ¡deja ya en paz a Luis, hombre!...
La curiosidad se abría paso a empellones en la mente de Florencio, deseando satisfacer las ansias de saber qué ocurría con ese Luis, con aquello de su conspiración, de qué diablos habían hablado esa tarde encerrados en la habitación, qué coño le pasaba con Alicia, pero, a pesar del alegre y desinhibidor
estado de ebriedad que lo envolvía, se abstuvo de comentar nada.
Tenía que reconocer que Lucía ejercía, también sobre él, un efecto intimidatorio.
Indudablemente era una joven con un carácter fuerte, que gustaba -y conseguía- de manejar ella las situaciones. Y a las personas.
-...y ahora vámonos de aquí, me aburro...
Desde su móvil llamó a un taxi, que los recogería en cinco minutos.
Ya en el interior del auto se dirigió al taxista.
-A la catedral, en la esquina con la calle San Juan... -indicó, volviéndose entonces salvaje e inesperada gata hacia Florencio, a quien besó directamente en la boca, hundiéndole la lengua con  descaro y voluoptusidad.
Mientras lo baboseaba, su mano fue descendiendo lentamente desde su pecho, por su estómago, hasta posarse sin recato alguno sobre su entrepierna, que manoseó a gusto, hasta conseguir una erección que pareció dejarla satisfecha.
-Ya llegamos...
Florencio salió del vehículo flotando en ensoñaciones pornográficas, y con la alegre entrepierna convencida de dirigirse sin dilación a casa de Lucía. Pero ésta, tirando de su mano, lo encaminó por la estrecha y oscura calle San Juan hacia un local en el número treinta y nueve al que se accedía descendiendo por unas tenebrosas  escaleras.
-¿Conoces la Cueva del Pájaro Azul?
-...alguna vez he estado... sí... –contestó un descolocado Florencio, notando cómo menguaba su baja y carnal euforia.
Tras bajar no sin dificultad las angostas y pronunciadas escaleras accedieron a aquel recinto subterráneo de forma algo laberíntica en su entrada, con reservados a un lado y otro, y una sala general amplia, de luces tenues, con un pequeño escenario al fondo,  mesas y sillas junto a él,  y una barra larga en uno de los laterales.
Se trataba de un antiguo tablao flamenco puesto al día con aires de época y un cierto toque canalla.
Un público trajeado, de cuarenta en adelante y en su mayoría masculino, ocupaba la mitad del aforo del local.
-¡Querida Lucía! –un hombretón de cara redonda y mofletuda, con grandes patillas y un trabuco al hombro, vestido de contrabandista de mil ochocientos y pico, se había acercado a ellos y besaba y abrazaba a Lucía con gran alborozo- Vamos, venid, os llevaré a una buena mesa.