martes, 8 de junio de 2010

32 - La huida (II)





-¿¡Los rumanos!?...
La estupefacción, en repentina asociación con el dolor de la entrepierna, se adueñó por completo de rostro y alma de Badián, que volvió a verse a sí mismo dos días atrás -ahora  le parecían meses- conversando nebulosamente con aquel grupo de rumanos alrededor de unos litros de cerveza en la estación de Sevilla, Santa Justa. Justo donde se inició toda la pesadilla en la que, para su horror, seguía envuelto.
-Vamos poeta, no hay tiempo de explicaciones ahora, ¡hay que largarse!...
Y allá que se lanzaron los tres, pasillo adelante, bajando las escaleras con caótico alboroto, dejando atrás las oficinas -y en su interior a las dos señoritas administrativas tecleando frente a sus pantallas de ordenador, boquiabiertas y lánguidas- y se adentraron en el patio interior de los naranjos, que Badián pisaba por primera vez. Atravesaron éste y se introdujeron por unos pasillos mucho más estrechos, oscuros y laberínticos que los que había conocido el joven  en la otra parte del edificio, la zona nueva. En la alocada carrera pudieron contemplar como en veloces instantáneas de alguna trama de terror o intriga habitaciones abiertas, diminutas, umbrías, atestadas de catres y literas, habitadas por lo que parecían sombras humanas, y cuando doblaban casi al unísono uno de los tortuosos meandros de aquella maraña arquitectónica se encontraron frente a ellos a un hombre de pie, parado, con un aparatoso vendaje en la nariz y un grueso garrote de madera asido por su mano derecha, con el que golpeaba rítmica y suavemente la palma abierta de la izquierda.
Era el Tasca.
-¡De aquí no sale ni la madre que lo parió, cabrones! ¡Y menos tú, joputa! –gritó, amenazándolos con el arma, y señalando a Badián con la mirada.
Los tres fugitivos se habían detenido en seco.
-¿No firmaste unos papeles, mamón? -preguntó al joven.
-¡Otra vez con esas!... Se supone que eran para un tratamiento de desintoxicación, ¿no?, apenas los leí... -explicó desganado Badián, que no dejaba de darle vueltas al asunto de los malditos rumanos, colocándose lentamente en cuclillas, para aliviar el dolor.
-¡Eran para mucho más, desgraciao! ¡Y yo me saco mi panoja encargándome de ti, carajo!, ¡y no la voy a perder por un niñato caracubo como tú, pringao, así que ya estáis dando la media vuelta!...
Detrás del Tasca los prófugos vieron aparecer al publicista Gaspar, que les hacía gestos nerviosos con las manos, como preguntándoles de qué manera podía ayudarlos.
Sin embargo, el Tasca advirtió rápido en las caras que tenía delante que algo sucedía a sus espaldas, y, agarrando con ambas manos el garrote, se giró velozmente bateando cual si se tratase de un lance  de béisbol, rozando apenas con el brutal artefacto el delgado cuerpo de Gaspar, que a pesar de ello cayó al suelo, se diría que por impulso del aire.
Aprovechó Laslo el momento para sacar del bolsillo trasero de su pantalón una navaja automática. El nácar de las cachas resplandeció en el aire cuando se abalanzó sobre el Tasca y tras agarrarlo y forcejear, rodaron los dos por los suelos, conformando una extraña figura, fusionados en singular abrazo, debatiéndose entre forzados escorzos y alaridos. Tras unos instantes de estrambótica contienda se escuchó un desgarrado grito de dolor del viejo, y a continuación a Laslo exclamar con desesperación que salieran todos pitando.
Y allá que fueron de nuevo.
Rubí, con la mochila al hombro, su bolso rojo asido por la mano izquierda y haciendo rodar torpemente, de los nervios, su maleta a juego, avanzaba intentando recordar a toda prisa dónde coño había dejado su Ford fiesta, dónde, dónde. Laslo, que agarró su valija azul al tiempo que ocultaba el filo plateado y sangrante de la navaja con un clic y hundía ésta en su bolsillo, echando una última ojeada al viejo en el suelo y al hilillo rojo que comenzaba a fluir desde debajo de su cuerpo, sólo quería pensar que había sido no más que un pinchazo sin mayor importancia, vamos, nada. A ellos se unió, tras levantarse con expresión desencajada, la cara cadavérica, el pantalón rasgado y la camisa arrugada y con manchas, el publicista Gaspar, llevando una bolsa de plástico como único equipaje, y un mosaico de ideas desubicadas y contradictorias saltándole en la cabeza. Badián fue el último en reaccionar. Se puso en pie con dificultad y dolor, y al observar al Tasca tendido bocabajo en el suelo y el charco rojizo que se iba formando a su izquierda comenzó a gritar, ¡Han matado a Aureliano!, ¡han matado a Aureliano Buendía!,  al borde –o ya dentro- de otra de sus crisis.
Laslo se volvió hacia él con los ojos saliéndose de las órbitas, y agarrándolo con violencia por un brazo lo empujó hacia adelante mientras bramaba, ¿pero qué dices, loco? ¡tira para fuera y calla la boca!

*: para facilitar la lectura, e ir desde el principio hasta lo último publicado, a la derecha tenéis un enlace en el que podréis leer, releer, subir o bajar con mayor facilidad. Haced clic sobre la imagen justo encima de: "Donde se cuentan las ocurrencias..."

Foto: jose rasero

19 comentarios:

ARIADNA dijo...

Pues aún no huyen ya veremos que pasa...

un abrazo.

zayi dijo...

Culto el Badían... hasta al Gabo lo has metido aquí, que bueno eres José!!!.
Me encanta este personaje. Me parece uno de esos hombres que se conocen una vez en la vida y se les recuerda para siempre.
Un besito.

Pluma Roja dijo...

Continuamos, continuamos. Espero la prósima.

Besos,

Eva- La Zarzamora dijo...

Ya me has vuelto a poner deberes, y seguro que suspendo.
Besos.

Mtx dijo...

Desde luego lo que se conoce como un cinquillo, seguro no es. a ver que pasa.
Besos

lidia dijo...

bienvenido a mi blog, interesante,muy interesante narración..,me soprendióa,ya que va a los sitios comunes...gracias
un saludo amigo
lidia-la escriba

Felipe dijo...

José,cada día me gusta más tu narrativa

Abrazos

Mar dijo...

¡Ay, que estrés con la huida! y que dolor (el de Badián)

Bss.

Andri Alba dijo...

Yo también espero la próxima entrega, vaya peripecia por la que han pasado estos!!!

Bueno, un abrazo enorme y gracias por comentar.

Andri

AGUSTIN dijo...

Qué buena se está poniendo la historia... pero ya está, Badián está como una cabra, o evoca a Aureliano Buendía por alguna razón que todavía no conocemos.
Pero, definitivamente, no está encerrado en Macondo.
Saludos, José...

jose rasero b. dijo...

Gracias a tod@s!! Besos y abrazos!!

*Agustín, en la Entrega 4 se nos decía:

"... Badián hizo suya esta práctica, y era desde aquellos tiempos su modo de proceder para ahuyentar las tendencias negativas.
Podía concentrarse por ejemplo en la descripción exhaustiva de un bello cuerpo de mujer, ya fuese vestido o desnudado por su imaginación, recordar con todo pormenor los movimientos y acciones que ejecutó en horas, días, meses e incluso años anteriores, también repasar muebles, objetos o detalles de cualquier espacio, cuchitril, bar o vivienda, enumerar los quehaceres que habría de realizar a lo largo de una jornada o recitar sin olvido algún poema de Benedetti o Ángel González o pasajes enteros de Cien años de soledad"

Cris dijo...

No se libra de problemas este chico...

Seguimos a ver qué pasa!

Besos de no, no tengo barba ;)

TORO SALVAJE dijo...

Cuando apareció Aureliano Buendía en mi vida no pude parar de leer hasta el final.
El mejor libro que he leído.

Saludos.

Belkis dijo...

Vaya por Dios que ansiedad me ha generado este capítulo, parece una de esas películas llenas de acción. No veo la hora en que acaben de salir de una buena vez de esa casa del terror.
Ansio a que llegue el martes para ver como sigue esta trama que cada vez se pone mejor.
Gracias Jose por compartirlo.
Un abrazo muy grande

LA CASERA dijo...

ME VOY UNOS DIAS Y NO VEAS LA QUE HAS LIADO.
ESTO ESTA CADA VEZ MAS INTERESANTE.
QUIERO EL LIBRO ANTES DE QUE LO PUBLIQUES, LO QUIEROOOOOOOOOOO, COMPRANDOLO CLARO, JEJEJEJEJE
UN BESOOOOOOOOOOOO

De cenizas dijo...

Cien años de soledad le esperan a Badián. ¿Cómo se ha animado el cotarro, no?


un abrazo

El Pinto dijo...

Te superas amigo, y eso se agradece

zayi dijo...

José, trato de actualizar y no me sale la nueva entrada, desde mi blog se ve una foto que no me aparece acá...luego vuelvo a ver qué pasó.
Un besito.

Miguel Baquero dijo...

Sería estupendo poder ver impresas las aventuras de Badián