martes, 3 de agosto de 2010

40 (II) - En el Instituto








El señor Director, un hombre viejo, oscuro y antiguo también, casi también en blanco y negro, lo observó de forma inquisidora durante unos treinta segundos en los que se hubiera podido cortar el aire estancado y rancio de la dependencia.
Al cabo comenzó a hablar con   voz estentórea de horarios, de programaciones, de finalidades, de objetivos, de resultados, de actividades, de responsabilidades, de vocaciones...
La contundencia con que aquella voz fue emitiendo las palabras convenció a Florencio Acurio de que todo aquello estaba sucediendo realmente. No se trataba de una más de las tantas ensoñaciones y puestas en escena en que le había sumergido su imaginación, de forma reiterada, durante los dos años y medio que andaba existiendo en el limbo previo a la vida laboral docente, desde que finiquitó la carrera de Filología Hispánica.
El tono entre sacerdotal y administrativo del discurso de enfrente resultaba lo suficientemente verosímil como para suministrarle la dosis de nerviosismo y sobresalto adecuados, y persuadirlo de que esta vez la cosa iba en serio.
Por otra parte, lo aliviaba algo el hecho de que el tiempo transcurriese y su pelo alborotado, la camisa mal planchada, los vaqueros rasgados, el rostro somnoliento, la barba de dos días e incluso sus pensamientos -que él creía translúcidos- no hicieran mella alguna en la tonalidad de aquella contundencia que le peroraba delante. Permanecía exactamente igual que diez minutos antes.
Sí le preocupó e instaló definitivamente en la certidumbre de realidad lo que la voz contundente expulsó, junto con gotitas salivares, por fin:
-Diríjase ahora mismo a ver a los de Primero de bachillerato B, lo esperan.
Una vez informado de dónde se hallaba tal clase, Florencio dirigió sus pasos hacia allá por laberínticos pasillos en los que reinaba un silencio que se le antojó  ortopédico. Al acercarse al aula fue percibiendo en cambio un alboroto que le resultó  algo más natural.
Entró en aquel espacio, tan conocido y tan nuevo para él al mismo tiempo, y se hizo de golpe una quietud de sorpresa y expectación.
Ya en el interior se dirigió a la mesa del profesor y divisó desde allí cuarenta y tantos rostros sibilinos que le observaban enmarañados y caóticos. Un germinal deseo se apoderó de su interior en aquel instante: inmiscuirse en aquella masa granulosa, sentarse entre ellos, mimetizarse...
-Buenos días. Me llamo Acurio. Florencio Acurio –dijo en voz alta, intentando por un lado reafirmar ante sí mismo la irreversible situación y por otro subrayar ante ellos su potestad docente.
El silencio que recibió como respuesta le agradó. Se trataba ahora de una tensa calma  sustentada en la curiosidad. Aclimatado a esta atmósfera de expectativas soltó un discurso tan improvisado como ineludible en tales circunstancias:
cómo sería el curso que comenzaba, qué normas él no iba a estar dispuesto a que no se cumplieran a rajatabla, cuáles eran los objetivos y las finalidades educativas del centro, los horarios, las actividades, las responsabilidades, las vocaciones...
Todo esto último sí le permitió ya apreciar rostros más definidos. Y todos ellos le regresaron por unos instantes a su arboleda perdida, además de ofrecerle ciertas muecas sospechosas que fulminaron el atisbo de nostalgia.
Viendo sobre la mesa una lista con nombres y apellidos se aferró a la contemplativa y preceptiva tarea de pasar lista.
Al nombrar los primeros apellidos la masa se desintegró en sus individualidades y adoptó un tono de  inquieto murmullo.
Con mucha tranquilidad  continuó Florencio enunciando el listado y tras un inicio prometedor se topó con los García. La sucesión prosiguió su curso sin alteraciones hasta que, de pronto, leyó García Martillo, Iván, y recibió como respuesta alternativa al sí, aquí, con mano alzada, un prefiero que me llame Cúter, sin mano ni nada, acompañado, eso sí, de un sonoro coro de carcajadas.
Florencio miró al alumno Cúter y comprendió que un nuevo problema había nacido para él.
Eso sí, era viernes, comprobó que apenas quedaban quince minutos para que fueran las dos y media, hora de salida, y se trataba  del primer día de clases, 18 de septiembre, por lo que Florencio Acurio no se resistió a, obviando aquella provocadora respuesta, recomendarles amistosamente a todos aquellos semblantes púberes y anónimos que disfrutaran del fin de semana.
-Señores, por hoy hemos terminado.

Donde se cuentan las ocurrencias de Badián Parra y Florencio Acurio

Foto: jose rasero

10 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Creí que ya habíamos terminado con Badián al inicio de la lectura, pero veo que continuamos. Seguiremos por acá.

Saludos cordiales, querido amigo.

TORO SALVAJE dijo...

En el momento de "prefiero que me llame Cúter" creo que Florencio debería haber pedido el traslado y la baja laboral hasta que se lo dieran.

Saludos.

zayi dijo...

Me encanta los detalles narrativos, las descripciones meticulosas. Me gusta la capacidad que tienes de narrar todo como si estuvieses allí. El ambiente de oficina ha sido clavado y luego, el del aula me ha traido la nostálgia de aquellas épocas.
Un beso.

Isabel de León dijo...

Acabo d pasearme x aqui...m cae bien Acurio,jeje...a ver q tal le va...

Saluditos de la chica teacher.

ARIADNA dijo...

leerte es como trasladarse justo en el tiempo y lugar que nos narras no se como lo logras pero habres la imaginación y me metes por completo en la historia.

besitos.

Mar dijo...

Lo familiar que me resulta el relato de hoy. Demasiado. :)

Ya apareció en escena el amiguito Cúter de Badián. A ver, a ver...

Bss.

AGUSTIN dijo...

Aquí vamos, con Acurio, Cúter y compañía.
Quería decirte que todos tenemos alguna "arboleda perdida", que provocan algo de nostalgia.
De hecho, me quedé colgado con la mía.

Belkis dijo...

Como te habrás dado cuenta en estos días he estado falta de tiempo, y no voy al día en la lectura de los blogs, cosa que me duele, porque siempre me aportan, pero entre el mucho trabajo, algún que otro problemilla de salud propio y ajeno y preparándome para las vacaciones, voy retrasada en todo, así es que ahora sólo paso para dejarte un saludo y decirte que me voy de vacaciones y a partir de septiembre volveré al ritmo habitual.
Muchos besitos y hasta prontito.

Belkis dijo...

A la vuelta me pongo al día con la historia amigo. Sabes que me encanta leerte.

lemaki dijo...

Es inevitable ponerse en el papel de este profesor joven, de lengua y con alumnos de Bachiller, que siempre son mejores que los fatídicos, horrorosos y desagradables alumnos de ESO (CON TODOS MIS RESPETOS PARA LOS ALUMNOS DE ENSEÑANZA SECUNDARIA OBLIGATORIA... y sé de lo que hablo...).
Está muy bien descrito, se puede palpar la tensión del primer día: tanto al contactar con el director como con sus futuros alumnos.

saludos.