martes, 24 de agosto de 2010

43 - Lucía








Luis Lasanta dejó el teléfono móvil sobre la mesa y regresó a la ventana abierta. En su rostro parecía haberse instalado una nube de preocupación.
Florencio lo miraba desde su indolente humareda de hachís, con la sonrisa en los labios y una divertida estupefacción en su mente.
-...bueno, ¿no me dirás que en nuestro instituto quieren acabar con Educación para la Ciudadanía a base de nódulos en las gargantas, verdad?... –ironizó, sin poder reprimir una enorme carcajada tras finalizar la pregunta.
Pero Luis no contestó.
Sin inmutarse, se limitó a extraviar de nuevo su oscura mirada a través del ventanal.
-Eh, oye, qué pasa, no te vayas a poner serio ahora...
La Obertura de la Suite en do mayor fue la única réplica a éstas palabras, y, encogiéndose de hombros, en ella se dejó mecer Florencio, saboreando la elegancia pomposa de oboes, fagots y violines.
Le asaltaron las ganas de tener su flauta travesera a mano. Era un movimiento que conocía y que podría acompañar sin gran esfuerzo. Se imaginó haciendo sonar las notas en su Yamaha plateada, re, fa sostenido, mi, re, si en octava alta...
Y entonces, muy por encima en decibelios de aquel ensueño y armonía musicales, tronó el timbre.
Luis, como despertando de una pesadilla, dio un brinco, y se apresuró en abrir la puerta.
-Hola...
Una chica joven, de unos veintitrés años, alta, delgada, morena, cerró la puerta tras de sí. Parecía simpática, pues toda ella era una radiante sonrisa.
Antes de que Luis los presentara, ella, tras dar a éste un leve beso en los labios, se dirigió rauda hacia Florencio.
-Oye, tú eres el que toca la flauta en San Francisco...
-Sí...
-Me encantas –soltó, estampándole dos sonoros besos en las mejillas- qué tal todo, soy Lucía...
Y Lucía era un torrente de diversión, y de palabras. Resultaba también una chica atractiva. Disfrutaba de unas piernas largas, cubiertas por un ceñido pantalón vaquero, y unos pechos danzarines, que se adivinaban bajo una camiseta celeste sin mangas en la que podía leerse: Down with the capitalist.
Desde luego estos dos no aman el sistema, rumió para sí un observador Florencio.
Estudiaba en Cádiz, en la Universidad, se hallaba cursando tercero de Filología Hispánica.
-Vaya, una futura de las nuestras... -bromeó Florencio.
Y trabajaba en una pizzería del paseo marítimo, para costearse estos estudios.
-...una chica muy completita... -apuntó Florencio, que se sintió atraído desde el primer instante por Lucía. Ante todo le cautivó de forma precisa el tono de su voz, de una sensualidad arrebatadora. Aunque, por otra parte, pensó que -con total seguridad- ella sería aquello en lo que decía Luis que estaba... por lo que, se dijo, haría bien cortándose un poco.
Lucía se había sentado a su lado y, mientras hablaba incansable, mirándolo a los ojos, casi silbándole las palabras, lo tocaba continuamente, en el pecho, en los brazos, en las piernas.
Luis, que había llenado las dos jarras de cerveza y traído otra para Lucía, permanecía sentado frente a ellos, liando un cigarrillo, en silencio.
Animado por el clima confidencial que parecía haberse creado entre Lucía y él, y por hacer partícipe de la conversación al ausente Luis -también para no sentirse demasiado incómodo él mismo- Florencio, que gracias a las cervezas y a los canutos se sentía desinhibido, lanzado, eufórico, olvidada por momentos su habitual timidez, se atrevió a bromear sobre la Gran Conspiración de la que le había estado hablando Luis.
-¿Conoces la historia, verdad?...
Florencio imaginaba que Lucía se partiría de la risa con el despropósito de aquel relato, y que los tres iban a vivir unos momentos de relajada tertulia y buen rollo, pero en cambio, advirtió contrariado, ella se puso de repente tensa, y su luminosa sonrisa se tornó en un gesto severo.
-Vas a disculparnos... -se excusó, lanzando una mirada criminal hacia Luis.
Agarrándolo de un brazo tiró con fuerza de él, y se perdieron los dos en la oscuridad del pasillo.
Florencio quedó entonces a solas en la sala, sorprendido, y, por un momento, permaneció inmóvil, desconcertado, sin saber qué hacer.
Pero iba a ser algo irremediable, se dijo, excitado.
Se sentía juguetón, alegre, y, además, una imperiosa  curiosidad se había adueñado de él por completo.
Esperó unos prudentes instantes y al fin se levantó, y con mucho sigilo se aventuró por el pasillo. Dejó atrás, a su izquierda, la cocina. Unos pasos adelante vio a la derecha la puerta entreabierta del cuarto de baño, y al fondo vislumbró la que había de ser la de la habitación de Luis, y que se hallaba cerrada.
Con tremenda cautela, y bajo los aristocráticos acordes del Passepieds I, se acercó a ella y posó su oreja derecha sobre la madera.


Donde se cuentan las ocurrencias de Badián Parra y Florencio Acurio


Foto: jose rasero

7 comentarios:

lemaki dijo...

Consigue mantener la intriga en cada entrega, bueno esta palabra no queda muy apropiada, pero es un gusto leer lo que escribe.

no sé porqué llegué a pensar que Luis era homosexual o continua siéndolo...

estaré a la espectativa...

saludos.

Felipe dijo...

Nos tienes enganchados,al menos a mí.Cada nuevo episodio nos deja esperando el siguiente.

Un abrazo,José

Alís dijo...

Yo todavía voy unos capítulos atrasada, por eso callo.
Pero tenía ganas de saludarte.

Besos enganchados

Mar dijo...

Parece que Florencio se está metiendo en camisas de once varas sin darse cuenta. Debería de ser algo más recatadito y observar más su entorno antes de aventurarse a sacar temas ¿inapropiados?

Ya veremos en la próxima entrega.

Bss.

zayi dijo...

Ya entiendo lo de la flauta...jajaja...¿Será por eso lo del vecino?...(Es broma)...Eso de música, más "elementos relajantes" me ha traido algunos recuerdos de los años de universidad. Estudié letras y aunque sólo fumaba tabaco, sí que pasé momentos así con gente de la mejor ( casi todos los que estudiaban conmigo eran seres especiales)que se ponían "sabrositos" al son de clásicos y porros.
La oreja en la madera no funciona, prueba aponer un vaso de cristal... suele oírse mejor...a mi una vez me funcionó y me asustó tanto que le tomé respeto al asunto.
Un besito.

Eva- La Zarzamora dijo...

En esto llevo tanto retraso, que me da hasta vergüenza pasarme.
Andas enojado, eh??

Que sepas que te echo de menos.

Un abrazo, José.

Belkis dijo...

Aquí si que nos dejas con la miel en los labios. Suspenso, intriga, diversión, amor... hay de todo en este capítulo.
A seguir escribiendo que va muy buena la novela.
Besos amigo