sábado, 18 de noviembre de 2017

viernes, 3 de noviembre de 2017

Vayamos por barrios. (Comer en Atenas ) ¡2!


2. Psyri

Antes de ir a Psyri leímos, acá, acullá, en guías, en hojas sueltas, en páginas webs,  cosas acerca de Psyri.  Un barrio antes deprimido y ahora recuperado. Antiguo y moderno. Poco frecuentado por el turista. De animada vida nocturna y toque bohemio, tabernas, clubes, música en directo. "Su antiguo aire industrial -relataba un blog en Internet- se ha reconvertido en lienzo de street art". Todo muy cierto, fuimos comprobando. Y disfrutando.
En un mapa observamos que Psyri limita con Monastiraki y con la plaza Omonia. Syntagma está al lado. Más céntrico imposible. Paseamos al tuntún por el -sin duda- hermoso barrio. Calles adoquinadas (algunas), arquitectura neoclásica,  mercancías en las aceras,  kioskos, ruido; o, también, pequeños estacionamientos en los que un particular cuida los coches a cambio de un dinero. Digno de observar el tetris que se monta el particular para que todo vehículo quepa. Y vaya si caben.
Sí, la  Atenas auténtica. Aunque yo precisaba con urgencia de mayor autenticidad. No sé si recuerdan el bocadillo aquel de Vueling. Mi estómago sí.  Y necesitaba una farmacia. 
A pharmacy, please?
Ay, nuestro inglés. En busca de ella, de la farmacia, sin comerlo ni beberlo, dimos con el Corazón de la capital de Grecia. Al menos, así es como Manos Hatzidakis (compositor griego de música contemporánea fallecido en 1994) definió a la calle Athinas. 
Apenas un kilómetro. Peculiar y atractiva. La intensidad de los aromas de las especias se mezcla con bellos edificios que conviven en armonía con imágenes de decadencia.  Athinas (diseñada en 1834) ha vivido lo suyo; ha pasado del lujo a la mala fama, y viceversa, en varias ocasiones, sin perder nunca, eso sí, su carácter comercial y multicultural. Es conocida también como patio de los milagros o jardín del pueblo.
Hay puestos callejeros, gente, tráfico, desorden, cafés, kebabs, una pequeña capilla... ¡Y una farmacia! 
No todo es Acrópolis en Atenas.









En mi 'Cuaderno de Altamira' llevaba escrito, casi dibujado, en perfecto griego: 'Ομεπραζόλη'. Para hacerme entender. En realidad, era la tercera farmacia a la que acudíamos. En las dos primeras, con las estanterías bastante desangeladas, no había Ομεπραζόλη. En esta última, al fin, sí. Claro que, las pastillitas para el ardor de estómago que en España no llegan ni a los tres euros, en Grecia salen a 13. Tienen un enorme problema los griegos con la Sanidad...
Para nuestra alegría, en la misma calle Athinas nos topamos con el Mercado Central. A un lado están los mercados de la carne y del pescado, y, enfrente, cruzando la calle, el de frutas y verduras, este último al aire libre. El edificio que alberga los dos primeros es antiguo, feúcho y su interior se asemeja a una oscura cochera de autobuses. Los tenderos parecen acosarte desde sus puestos y, aunque la higiene no aparenta ser la más deseable, lo cierto es que la materia prima que venden es de categoría, y a precios increíbles, por lo bajo.








Junto al mercado de la carne se sucedían unas tres o cuatro 'tavernas' y, claro, en una de ellas decidimos comprobar si la buena pinta de los productos  era tan cierta como aparentaba. Nos decantamos por aquellos del mar y de la huerta que más habían llamado nuestra atención.








Gambones y "sardines" (así estaba escrito) a la plancha. Muy ricos los gambones, y muy bien contados. Cinco, con esa mala rima que nos hizo temer lo peor. Las "sardines" más bien parecían boquerones, por el tamaño, pero estaban frescas y sabrosas. La ensalada de tomates, con cebolla y aceitunas (las probamos, las aceitunas, en varios lugares y ocasiones, siempre espléndidas), sencilla y exquisita. Pregunté a N. su opinión sobre el pan (en ciertos sitios lo sirven, en otros non) con aceite, perejil y orégano.  Magnífico, aseguró. Sin ser un banquete, comimos bien. Y la rima, al final, no fue tal. Baratito.

El barrio de Psyri, como dije más arriba, está en pleno centro de la ciudad, por lo que se convirtió en zona de paso en las caminatas a nuestro libre albedrío por Atenas. Otro día, el hambre nos atacó en The Grazilian o Barbadimos, no recuerdo bien, pero uno de los dos era el nombre del lugar. La calle sí, Mitropoleos, y ahora que lo pienso, quizás estaba al límite del barrio, o incluso fuera de Psyri. ¿A quién le importa? Sí es cierto que en la terraza había una curiosa mezcla de turistas sin complejos, como nos, y atenienses de farra. ¿O sería al revés?




Lo importante es que saboreamos dos de los platos tradicionales de la cocina griega (y turca, claro). El Tzatziki, una salsa de yogourt con pepino, aceite de oliva, ajo, jugo de limón y pimienta (en este caso también le añadían trozos de lechuga). Y el Souvlaki -según Kostas Jaritos, la comida nacional griega-, carne de cordero, de cerdo, vacuna o de pollo, atravesada por un pincho, y servida con patatas a la francesa y ensalada de tomate. Algunos opinan que el Souvlaki es la variante griega del Shish Kebab. De diez, en cualquier caso. Buen precio. Además, nos fueron sirviendo, a modo de tapas, hígados a la plancha y algún que otro pequeño manjar que ahora no recuerdo. Al salir, nos humedecieron las manos con una especie de eau de toilette. No entendimos nada.
Aunque, es bien cierto, ese día regresamos a nuestro refugio de Petrálona  la mar de aromatizados...


Apuntes del 'Cuaderno de Altamira':
Gatos y perros son ciudadanos atenienses. Van a lo suyo. No molestan a nadie. La gente les da de comer, de beber, se preocupan de ellos. Qué maravilla.
'Heteróclito', una cadena de "Wine bar". El de Psyri era muy coqueto. A las cinco de la tarde pedimos café. Solo sirven expresso.





Artículo publicado en Entretantomagazine


lunes, 9 de octubre de 2017

Vayamos por barrios. (Comer en Atenas ) ¡1!


Llegamos al aeropuerto de Venizelos, Atenas, con la firme convicción de no regresar jamás a Atenas. No se extrañen. El azar tiene estas cosas. La noche anterior nos alojamos en un hostal de Sevilla que lucía tal nombre en su entrada, ATENAS. No me pregunten por qué. Mejor no pregunten nada. Por otra parte,  yo –en persona– contraería al poco otra firme convicción. El avión que nos llevó a la capital de Grecia pertenece a la flota de Vueling. And cometí el error fatal de hacerme con –y zamparme– uno de sus bocadillos del menú.
Pasemos un tupido vuelo.
Desde Venizelos nos desplazamos en metro a la auténtica Atenas. Nuestra parada, Petrálona. Ahí nos recogeríamos durante un par de semanas. En su libro La espada de Damocles cita Petros Márkaris a Konstantinos Karamanlis: “Grecia es un manicomio enorme”. Bendita locura, acabaríamos pensando –ya os adelanto– al final de nuestra estancia. Salta a la vista, por demás, que a dos españoles las locuras patrias nos pillan de cerca. Nos son familiares. El libro es una recopilación de artículos y conferencias, escritos entre 2009 y 2012, sobre la situación de Grecia. A pesar de que han sucedido muchas cosas desde entonces, sus textos ayudan a comprender mejor este país. A ellos, a nosotros, y a todo lo que nos pasa. También leí una estupenda crónica de Arturo Martínez González -aquí- que nos dio buenas pistas para nuestras andanzas por la capital griega. Sobre todo una (pista), que dejaré para el final.


Plaza de Monastiraki

Pero vayamos al grano. O a la masa. O al quid. Es sabido que dos viajan, entre otras y variadas cosas, para comer. 
Y contarlo. 
(Y hacer fotos)
A eso vamos. 
Pero vayamos por barrios.

1. Monastiraki

Si a casco antiguo sumamos la expresión "a los pies de la Acrópolis" el resultado comparece cristalino: tela de turistas. Dos más, con nosotros. La plaza de Monastiraki,  la más turca de Atenas, la conforman  la Mezquita Tzistarakis (una de las cinco que hubo con los otomanos), una estación de metro, la biblioteca de Adriano y la Iglesia (o monasterio) bizantina de Pantanassa. Hay siempre un enorme trajín,  puestos de frutas y verduras, cafeterías y el inicio (por varios flancos) del Flea Market ("Pazari" o mercado de las pulgas): un auténtico laberinto de calles que recuerda a un zoco. Te puedes pasar el día pateando decenas de tiendas de casi todo (ropa y armamento militar, antigüedades, librerías de viejo...) mientras los encargados se sientan en sillas o butacas en medio de la calle, con su café 'frappé' o fumando espero. Nosotros nos hicimos con un par de Kombolois, el objeto griego por excelencia, por aquello de donde fueres... 

En dirección al barrio de Plaka, en la plaza Mitropoleos,  se encuentra la Catedral Ortodoxa de Atenas o "Mitrópoli", del siglo XIX, una basílica que combina elementos neobizantinos y neoclásicos. A su lado, la más original iglesia, una pequeña Capilla bizantina del siglo XII, la "pequeña Catedral", dedicada a la "virgen que complace rápidamente" (Theotokos Gorgoepikoos).  
Es posible que, a todo esto, tras el laberinto y la arquitectura bizantina,  nos hubiesen dado las tres o las cuatro. Así pues, cansados y hambrientos, no nos quedaba otra que ser ortodoxos y sentarnos en una terraza. A la hora de pedir, claro, nos encomendamos a la virgen.





















Rissoto de mar
























Mussaka



El restaurante en cuestión, Old Ithaki. De los pocos de cuyo nombre quiero acordarme, quizás porque nos infligió un helénico clavazo, acaso  porque aparece -el nombre- en alguna que otra foto. Si la media de lo que hemos pagado por comer ha de andar entre los 25 y 30 euros (dos platos, una ensalada, bebidas), la "Vieja Ítaca" los superó con creces. Y sin ensalada. La virgen, al menos, nos orientó en nuestra elección.

A mí me encaminó hacia el Sea rissoto, que nunca antes había probado. El arroz arborio, tan cremoso, es un magnífico lecho para los gambones, mejillones y calamares griegos. Tan exquisito el manjar que me ha llevado a describirlo así, distinguido...
A N. la encauzó hacia la Mussaka, una de las excelencias griegas, ya sabéis, una especie de lasagna a base de capas de berenjena y carne picada. N. es toda una experta y, de las tres que saboreó en Atenas, otorgaría a esta la medalla de bronce. 
El berro rojo, esas hojitas de color morado, deben ser marca de la casa. Y tener el IVA por los cielos.
La sobremesa, en un banco de Mitropoleos, giró alrededor de las pesquisas profesionales y los vaivenes familiares del comisario Kostas Jaritos. Otra forma de conocer Atenas.


La "pequeña Catedral"


Apuntes del 'Cuaderno de Altamira':
Entre Monastiraki y Plaka, en un callejón, damos con una auténtica Taverna. Concierto. Dos bouzoukis y una guitarra. Canciones populares que los parroquianos acompañan como una sola voz. Emocionante.




Continuará...

Articulo publicado en Entretanto Magazine

lunes, 11 de septiembre de 2017

'Trilogía del surf', de Willy Uribe



Tres novelas cortas configuran Trilogía del surf (Los libros del lince. 2017), la última publicación de Willy Uribe, cuyo título, quizás, pueda llevarnos a engaño:

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