martes, 17 de mayo de 2016

'Abdoulaye' (3)


Amada y la Bahía a sus pies que envuelve en zapatillas rosas. La mar sumida en una bruma gris y callada. Avanza Amada por el puente atirantado, descomunal y nuevo. A su medida. Recostada en la parte trasera del autobús interurbano. Los jeans rasgados. El mundo por montera. Amada valiente. Amada inconsciente. Amada joven de 19. Amada bebe los vientos. Amada y los tornillos. Se mira y se admira en el espejito de mano. El lápiz es de labios. La camiseta a rayas. Amada y las peras y el olmo.


Amada y su papá. Papá Bardavío, don Ramón. De allá viene. Del Puerto. Del reino de la infancia y de las arboledas perdidas. De las últimas voces. Sí. Los desaires. Los estrépitos. Don Ramón lo ha aclarado. Si te vas, adiós a la plata. Hola a las armas, ha dicho Amada. La simbología del portazo. Estudiante de hispánicas de día, Amada, donante de clases de español a inmigrantes de tarde, visitante de pubs, gatuperios y discotecas de noche. El olmo y la sámara. Los Nanai son minoría en la China. Amada y sus cosas. Avanza y aflora al barrio, nada descomunal, sí nuevo. Pronto comenzará la Facultad. Amada y el futuro. Amada y sus pies. Amada y los vientos. Desciende del vehículo. Chaqueta de encaje al brazo. Ha quedado para ver un piso con dos compañeras. En esa cafetería. A la una. Faltan cinco minutos. Amada canturrea. La vida es eterna. Amada y los codos. Amada y el habla.  Amada estudia y lee y navega y ve televisión. Es joven y se  camela. Amada sopesa en la balanza los pros y los contras. ¿De qué? Amada y el sexo a borbotones. Eso es. Y el money. Y los botarates. Y ese tal Abdoulaye. Amada y las chispas. Amada y los dedos. Amada y las llagas. Pues de qué va a ser. Del barrio. Del apartamento.